lunes, 27 de mayo de 2013

La cárcel de la piel requiere armaduras, que a veces son sueños de lino y el escudo de las cadenas

El balcón es el otro lado del espejo que termina, o empieza, en el artificio griego del cabecero. Entre uno y otro territorio se extiende la piel, el juego, los sueños. El mapa de ausencias y presencias que trazamos cada día y que olvidamos todas las noches. Atado y anclado a nosotros.

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