martes, 30 de julio de 2013

Soñamos con edificios del pasado, pero donde lo que cambiamos somos nosotros.

Es la misma entrada, pero en el sueño llegan coches antiguos y jinetes a caballo. mientras un campamento de luces y montones de tierra nos hace creer que las cosas siguen igual, pero con otras reglas de la lógica. Y así todos los días nos empeñamos en que todo sea verosímil y controlado, pero llega la noche y nos disolvemos en el aviso de la locura y el desorden eternos.

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viernes, 26 de julio de 2013

Entre el Cielo y el Infierno las legiones avanzan hacia su destino. En Brueghel, el camino de los reyes es un trazo de carmín en los mapas.

Los espejos se tiñen de rojo cuando emergen los recuerdos de las batallas, de los momentos en que él pone el corazón en el lugar del escudo, como dijo el rey sevillano. Y así, como en el ejército que alguna vez nos invadirá desde los espejos, tú eres la bandera.

C2

jueves, 18 de julio de 2013

"Tenemos la ilusión de que somos dueños de las avenidas, de los parques..." (Baroja, en "Desde la última vuelta del camino")

Así son los caminos que están cerca de nuestra casa, con una línea de maleza en el medio. Así los recordamos: esos senderos que  teníamos ante nosotros y por donde avanzábamos hacia el bosque y luego volvíamos a casa. Así lo creíamos siempre, antes de que desaparecieran la casa y el camino.

C2

viernes, 12 de julio de 2013

En la habitación del fondo está el otro territorio sin espejos: donde imaginan y viajan las Alicias

Hay muchas clases de guerras y no todas poseen trincheras. Pero algo es indudable: la existencia de un frente, donde el personaje K, como en la obra de K, permanece en guardia ante el laberinto. ¿Alguien preguntará ahí eternamente por el guardián de la puerta?

C2

sábado, 6 de julio de 2013

Los días azules, que dijo el poeta, y entonces era el tiempo de atravesar el puente de Kipling cantando la última canción de victoria.

Cuenta el historiador Schulten la sorpresa de los romanos cuando, al crucificar a sus enemigos hispanos, les escuchaban entonar cantos de victoria. Así, ahora, nos asomamos al día de verano con el deseo y el temblor de los ejércitos nocturnos que esperan la próxima batalla y observan al cónsul preparar su capa de púrpura.

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jueves, 4 de julio de 2013

Este relato fue mi regalo de cumpleaños. Con el título de "Protervo" me lo envió una íntima amiga. Las palabras quedan en el tiempo.


Mira las fichas que le han tocado en suerte a la vez que el tablero que está delante de él. ¿Qué palabra puede conseguir? Sigue mirando alternativamente ambas cosas mientras su mente no deja de pensar diferentes opciones. Al fin la sabe, “protervo”, sí, esa es la palabra. La puede colocar a la derecha del tablero de scrabble, aprovechando la “V” que está allí situada y la “T” tres casillas más arriba. “Protervo”, “protervo”, repite varías veces paladeándola. Mmm… le gusta esa palabra. No es muy usada, por no decir casi desconocida en estos días, pero a él le hace recordar otros tiempos, otros momentos.

 

Pensando en eso no puede evitar desviar su atención del tablero y fijarla en la bola de cristal que está suspendida en el centro de la habitación. Su mejor juego, su gran creación, aunque en ocasiones desatendido. Se levanta y se acerca. A través de su superficie cristalina puede ver todo lo que ocurre dentro. Millones de pequeños personajes que se afanan en sus papeles. Unos, hacinados en grandes ciudades, otros, casi solitarios en desiertos infinitos, pero todos buscando algo más allá de ellos mismos: fe, sabiduría, comprensión, paciencia y quién sabe qué. Era divertido verlo, que graciosos se veían allí dentro, pensando tan solo en sus pequeñas vidas que creían trascendentes. Aún era más divertido cuando, aposta en ocasiones o por descuido en otras, un pequeño golpe provocaba lo que aquellas pequeñas criaturas llamaban terremotos, tsunamis, erupciones de volcanes, tormentas y demás, catástrofes en suma. Y buscaban explicaciones de todo tipo mientras que él no podía evitar echarse a reír a carcajadas provocando nuevos desastres.

 

“Protervo”, la palabra sigue resonando en su cabeza. Decide ampliar el juego de letras: cada palabra que consiga en el tablero pasará a pertenecer a alguno de los personajes de su bola de cristal. Cierra los ojos y mueve el dedo intentando dirigirlo a alguna parte de la esfera. Los abre al notar el tacto del cristal y mira donde ha tocado. Hay un pequeño árbol en el balcón y cintas de video colgando de sus ramas.  “Protervo”.