viernes, 14 de agosto de 2015

Así, la esclava se ofrece al deseo de Gor, como quien se entrega al sueño de la piel y la carne.

La mano es "como el solitario pájaro marino que despliega las alas posado sobre la estaca" (V. Woolf), y así en las mañanas del deseo, ella se entrega al vuelo en el bosque de dolor y placer que yo dibujo a su alrededor, más allá de las Montañas de la Luna.  

C2

1 comentario:

obey dijo...

Su porte destacaba su condición y su talante serenidad y calma. Toda la que a ella se le escapaba por el deseo y la sed que la hostigaban. Su presencia es salvaje, como de animal peligroso. Le inunda y excita tanto como escalofríos provoca. Ya no hay marcha atrás cuando el silencio vuelve a ser el gran protagonista al diluirse una dignidad que ya le estorbaba.

Baja la cabeza e hila pensamientos en los que su cuerpo se ha rendido en un vértigo inexplicable que se adueña de su cuertpo al pensar que su alma también es Suya.

Y así... envuelta en una amalgama de ilusión y sensaciones, la entrega se va haciendo real a la suma alegórica de placeres y castigos, reconociendose únicamente como su pertenencia, su kajira, su perra.... Unicamente... Suya.