lunes, 4 de agosto de 2014

Los dedos se abren y dejan caer la arena dorada. No dejarse conducir por el miedo o el deseo. Saludar con valor y alegría al tiempo que avanza y a la mañana que nos espera.

Sobre todo gracias a las personas y a los tiempos vividos con ellas. Tomemos la espuma de la ola en nuestras manos y así, en la memoria, castillos de arena que hace muchos años construíamos en las playas de nuestra eterna infancia, sólo recordarlos como el brillo de las calles en el corazón de la ciudad.

C2

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