miércoles, 1 de junio de 2016

La significativa levedad de los ángeles que protegen el mar

Cuando era niño me fascinaban las escolleras artificiales construidas con cubos de hormigón frente al Cantábrico, como ejércitos de las Termópilas resistiendo desafiantes al Jerjes infinito del mar. Parecían inatacablemente fuertes, pero era consciente de que cada invierno tenían que añadir más guerreros para que no desapareciera aquel rompeolas. Fuera como fuera aquella barrera ejercía interés en mi imaginación. Pasaron los años y de repente un día volví a ver algo semejante frente al Atlántico. No sabía en ese momento qué me empujó a fotografiar ese paisaje una y otra vez. Ahora lo he comprendido: rompeolas somos contra el destino y así, en esta obra de nosotros mismos y de nuestro corazón, tomamos posesión de los cruceros que vendrán a nuestros puertos, a los que llamamos Alejandría.

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