jueves, 19 de enero de 2012

La piel arde como las brasas en la noche de las afueras de Madrid

El dolor es una cuerda vibrante sobre el abismo. La cámara lo ve, sabe de su existencia en sus laberintos electrónicos. Y ahí, la mano permanece como la huella de Moisés: entre lo que existirá siempre y lo ya perdido en el momento en que se hace. Así son los días, banderas al viento que no llegaron a Lisboa. Gemidos en el suelo, chispas en el fuego de la piel.

C2

1 comentario:

attella{C2} dijo...

cenizas y dolor en la piel...propio y digno de Ud, mi Señor.


besos de Su kajira.